11 sept. 2007

La Flacaforever

Me hallaba en mi último año de bachillerato, las hormonas alborotadas y el lívido al máximo, eran ya algunos meses y nada que “cabeshegato” se servía alguito, es decir una época de oscurantismo tenaz. Talvez eso de andar de aprendiz de hechicería junto al Hombre de las Cavernas practicando rituales de magia roja y negra me había dejado salado, pero esa es otra historia que algún día será puesta en su consideración estimados lectores.

Así fue que recurrí a la primera táctica del manual de supervivencia de Tío Edelmo

1.- Si cabeshegato tiene hambre cualquier cosa que se mueva constituye bocado

Igual de buen mozo y carismático que ahora, pero menos diestro en las artes de la seducción tuve que soportar colgadas de teléfono, cachetadas, acusaciones de acoso y hasta ajustes de cuentas de hermanos/primos/novios celosos. Dada mi desesperada condición mi pana David Di’Caprio convenció a su enamorada para que, en un acto de piedad, me presente a la Flacaforever, su compañera de clases.

Cuando me la presentaron me di cuenta de mi crítica situación y del nivel tan extremo y hondo al que había llegado, y no es que la Flacaforever estuviera fea o que fuera alguna patasucia de por ahí, todo lo contrario, solo que había un ligero detalle: 5 años de diferencia y hablamos de la época en que yo estaba a poquitos meses de cumplir mi mayoría de edad. Mandé a la mierda la asquerosa suerte que sobre mí rondaba en ese lapso y me dediqué con mas ahínco a mis estudios al punto ser tomado en cuenta para el cuadro de escoltas y abanderados de la institución secundaria donde estudié.

Mi amigo Dinho, menor a mi casi con tres años, entrañable alcahuete de golferías y borracheras fue el que, ante mi inminente salida de la contienda, se enamoró de la Flacaforever y quien le correspondió con todas las de ley, al punto de llegar a mantener con la mencionada señorita una relación como de 4 o 5 años creo. Con la gran delicadeza e inminente tacto que caracteriza a los caballeros quiteños, en especial a los de barrios exclusivos como San Juan 9021, un día me dijo:

- Ahí está pendejo, para que veas!!! Ahora me estoy pegando el plato que era para vos!!!

De alguna manera Dinho tenía razón en ese momento con sus sabias y consistentes palabras, pero el tiempo y las circunstancias posteriores se la quitarían. El que todos en el barrio llamaban Dinho había desaparecido y ahora todos lo conocíamos como Venado; las constantes infidelidades de la Flacaforever habían conseguido ese cambio y como no hay peor ciego que el que no quiere mirar el Venado estaba autoconvencido de que el nuevo sobrenombre era por la velocidad y destreza con que corría en los partidos de fútbol que disputábamos cada fin de semana.

- Ahí está pendejo, para que veas!!! Prefiero pasar hambre a pegarme un plato donde todos meten mano!!! – Le dije un día

El punto culminante llegó aquella mañana de verano cuando un calcinante sol nos obligó a buscar refugio en el departamento del Venado acompañados de una jaba de bielas heladas, la necesidad imperiosa de fumar nos hizo abrir el balcón a fin de que no se encierre el humo y la casa no apeste a cigarrillo, vaso va vaso viene y ya andabamos eléctricos, se nos ocurrió asomarnos al balcón y oh sorpresa!!! Ahí estaba, en la vereda de enfrente, la Flacaforever besuqueándose con otro (again), personalmente jamás sabré si la tipa era tan ingenua de pensar que nadie le vería en sus andanzas o si era tan desgraciada que lo hacía así (siempre) a propósito.

- Te voy a matar longo hijuepucta!!! – gritó el Venado al ver a su enamorada en brazos de otro

Corrió a la cocina, abrió el cajón de los cubiertos y sacó un cuchillo de sierra, de los que se usa habitualmente para cortar el filete en el almuerzo, al ver eso lo detuve al instante y mirándole fijamente a los ojos le dije:

- Estás loco!!! Que haces!!!

Le quité el cuchillo de la mano

- Con esto no le haces ni cosquillas!!! Para eso con este le haces huevadas!!! – le dije mientras le pasaba el cuchillo grande que se conoce como “matapuercos”

El Venado inició la persecución de aquel que osaba mancillar su honor (again) mientras yo le seguía algunos metros atrás alentándole en su afán de revancha, como en la décima cuadra de carrera gracias a la pericia de un guardia de seguridad de un local comercial el ajusticiador fue detenido y el perseguido puso pies en polvorosa, no hubo detenidos y nadie resultó lastimado.

Supuestos testigos presenciales afirmaron (sin fundamentos) que el Venado y su compinche estaban periqueados y que sin razón alguna habían atacado a un pobre muchacho que deambulaba inocentemente por el sector; las viejas chismosas que nunca faltan relacionaron el incidente suscitado con el robo del rótulo de la clínica dental de la esquina ocurrido dias atrás, el cual según dijeron fue perpetrado por "dos carevergas" uno de los cuales fue señalado como el líder de una banda denominada: “El Huevo y sus Secuaces

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