16 ene. 2008

El Gato Lennon

Era ya grande cuando tuve mi primera y única mascota en la vida, fue mas un acto de compasión que una verdadera pasión por los animales, un compañero de un taller de teatro al que asistía (soy actor frustrado para los que no lo saben) me ofreció que si quería me podía quedar con uno de los gatitos que algunos meses atrás había parido su gata. Como jamás he sido de los que pido permiso sino mas bien de los que se limita a informar con escuetos detalles sobre lo que hizo o va a hacer, llegué un día a la casa con un gato metido en la mochila.

No hubo mayor problema en casa, el gato fue aceptado con la única y lógica condición que sea yo quien se haga cargo del nuevo miembro de la familia. Así pues mientras le ponía la primera taza de leche tibia y pensaba como hacer para evitar que ensucie el departamento al hacer sus necesidades. Sonaba en ese momento el disco Mind Games en la grabadora de mi hermana y fue entonces cuando se apareció y me preguntó como se iba a llamar el gato, “Lennon” le contesté inmediatamente.

Desde aquella noche Lennon se convirtió en un miembro mas de la casa, tenía sus platos, su baño (una tina con aserrín), su toalla y su espacio. No hacía trucos, era arisco como todos los gatos, maullaba desesperadamente cuando tenía hambre y vomitaba cuando comía huesos de pollo. Durante el día pasaba junto a mi madre, y al decir “junto” lo hago en el sentido literal de la palabra, no se separaba de ella a ningún momento. Cuando yo llegaba a casa la cosa era diferente, se trepaba en mi escritorio y me acompañaba mientras hacía tareas, se acomodaba en mis piernas cuando me acostaba a ver tele, se trepaba en mi hombro mientras usaba la computadora, menos cuando jugaba Doom, el ruido de los balazos y las explosiones le ponían nervioso. Cuando llegaba muy tarde me esperaba detrás de la puerta.

De niño jamás tuve un perro, ni gato, ni hamster, menos aves ni peces. Mi experiencia mas cercana con animales era los días que le visitaba a mi abuelita y le decía que me prepare un cuy, ella presurosa me llevaba a la terraza y de todos los cuyes que tenía en el criadero me pedía señalar cual era de mi agrado para agarrarlo y aplastarle la cabeza delante de mí mío momento en el cual yo lo agarraba y bajaba corriendo a la cocina a meterlo en la olla de agua hirviendo... que tiempos tan felices!!! Por esa razón Lennon de alguna manera compensó ese vacío y supe lo que era tener una mascota recién como a los 18 años. Un par de veces Lennon fugó de casa, regresó en ambas ocasiones días después, todo sucio, golpeado y muerto de hambre, condición adquirida obviamente después de darle lo suyo a alguna gata vagabunda por ahí, la tercera vez que se fue no regresó, nunca se supo que pasó, talvez prefirió la vida callejera, talvez se fue tan lejos que olvidó como regresar, talvez encontró otro hogar, talvez murió. Esta mañana volví a oír el disco Mind Games, esta mañana me acordé de mi gato Lennon.

1 comentario:

NAT dijo...

Te contaré que tengo un gato llamado Lennon. Mi enamorado me lo regaló hace unos meses, y al ser fan de los Beatles no tuvo mejor idea que llamarlo así. Lennon es el engreido de mi casa, un gatito blanco, de ojos verdes y cola de mapache. Los gatos son muy buenas mascotas y fuera de ser ariscos y solitarios, también buscan compañia y mimos. Desde aca te mandamos saludos, Lennon y yo ;).